¿Qué sitio tienes en el ranking de los demás?

Hace unos días mi padre me contó que el hipermercado más grande de su barrio iba a cerrar. Ese cierre no suponía, teóricamente, un problema, ya que en el mismo sitio se iba a instalar otro hipermercado. Mientras me hablaba de esto me he dado cuenta de cuánta desilusión y cuánto disgusto encerraban sus palabras.

El nuevo hipermercado tiene un nombre desconocido, un logo que nunca se ha visto antes, empleados diferentes y productos y precios aún por definir.

¿Por qué un simple cambio de actividad como este puede generarnos esas sensaciones de fastidio, desilusión y tristeza? La razón es bastante simple. Nuestra mente (en este caso la mente de un consumidor o cliente) suele crear un ranking inconsciente de las realidades que van a llenar nuestra vida, ya sean clientes, establecimientos, empresas.

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Los cuatro jueces del “brand factor”

La puntuación que determina esta clasificación ideal proviene de una serie de características que consideramos fundamentales en la atribución de un valor de marca. Jueces de esta votación son parámetros como competencia, empatía, reputación y confianza. Un hipotético jurado que en cuanto a severidad y rigor no tiene nada que envidiar a los de X-Factor o Bailando con las estrellas.
Cada vez que tenemos que hacer una elección de marca (personal o corporativa) interrogamos a nuestro ranking y hacemos una reseña de las marcas asimiladas partiendo de las más bajas a las más altas.

Asignar la puntuación para crear nuestra clasificación es un proceso largo. Atribuir la justa valoración necesita tiempo. Estudio. Comparaciones. Y cuando emitimos un veredicto “juzgando” una marca resulta realmente duro comenzar de nuevo.

Por eso un simple cambio de hipermercado puede crear problemas y dejarnos confundidos y molestos. Tenemos que reiniciar el proceso completo de atribución de valores.

Solo buenas notas

¿Cómo podemos hacer para obtener un ranking alto en la mente de los clientes? ¿Cómo hacemos para alcanzar puntuaciones elevadas de esos cuatro jurados?
La única manera es la de trabajar bien y constantemente en tu marca personal. Lograr que tu huella se imprima de una manera permanente en los demás, colmando lagunas y aportando un valor significativo a las necesidades de tu audiencia. Todo filtrado con una buena dosis de empatía.

La moneda del personal branding

La empatía es un elemento fundamental que abre las puertas del éxito de tu marca. Ya hemos hablado de esto en otro artículo, pero merece la pena recordar que solo a través de una compenetración total con el otro (el cliente) se pude alcanzar el premio más valioso para una marca personal; una recompensa con un valor elevadísimo que limita el poder de acción de cualquier competidor: la confianza.
Como nos recuerda Andrés Pérez Ortega

la confianza es la moneda del personal branding

Como el dinero, la confianza se puede ganar, pero también se puede perder, invertir y desperdiciar. Es un bien difícil de conquistar que puede desaparecer en unos segundos. Pero si hemos obtenido la confianza, significa que hemos trabajado muy bien con nuestra marca personal.

¡Cuidado! Obtener confianza no es un punto de llegada donde pararse y vivir con una renta vitalicia. La confianza es como un fuego en una noche de invierno. Amenaza constantemente con apagarse. Hay que tratarla bien y alimentarla. Siempre.
La podemos considerar como el único antídoto contra el miedo y la incertidumbre. Es el elemento determinante en los procesos de elección. Es el jurado más influyente que puede movernos rápidamente hacia la cima del ranking.

¿Y tú tienes la confianza de los demás? ¿Nunca te has preguntado qué posición ocupas en el ranking de quienes te rodean?

Marco Tomasone

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